22.8.19

Dolor

----------------------------------------------------------------------------
Hoy siento: Ausencia.
Suena: Hoy necesito, Cómplices. 
Frase: Todo acaba en agua salada: En el fondo del mar, en sudor o en lágrimas. 
Imagen: Ojalá seas capaz de leer la tristeza de mis ojos, capaz de ver más allá de los 'no me pasa nada' y que nunca me dejes irme a dormir sin haber alejado cualquier fantasma que me abrace el alma. 
----------------------------------------------------------------------------

Te escribo desde mi dolor, hoy es mi tristeza quien habla. Llevo más de tres días posponiendo este momento de catarsis y no sé por dónde empezar porque me busco y no me encuentro y te busco y no te encuentro... Porque no llegas pero llamas, y después incendio; porque no llamas pero escribes, y después vendaval, porque no te veo y hoy no sé si estás...

He aprendido a no llorar delante de ti, a no llamarte en mitad de cada berrinche sea justificado o fruto de mis fantasmas. Sé que te hace daño verme rota, que me necesitas fuerte y entera, que te transporta a lugares que no te gustan, que no te traen buenos recuerdos; lugares en los que no quieres estar, a los que no quieres volver, de los que has huido...

Pero algunos días me rompo, unas veces sola y otras, cuando inevitablemente mis lágrimas deciden viajar solas, sin rumo ni timón, lloro acompañada pero siempre guardándonos en mi silencio cuando me asaltan a preguntas, porque sé que a pesar de todo y a pesar de todos ahí seguimos estando a salvo.

Hay mañanas que se hacen muy duras, días que se hacen demasiado largos y noches que pesan demasiado mientras trato en vano de hacer más llevadera tu ausencia, mientras mi cuerpo busca el rastro de la última vez que lo habitaste, mientras mi alma busca la fuerza de tu último abrazo...

Hoy dejo que sea mi dolor quien hable, quien me hable, quien te hable, quien nos hable. Lo abrazo y me permito sentirlo en cada uno de los rincones que duelen para que se lo lleve todo cuando decida marcharse y no le queden ganas de volver más.

Cuando los cimientos soportan demasiado peso se doblan, y creo que se ha roto alguno de los que me sujetaban, se ha vencido por tu ausencia y mi fortaleza se ha venido abajo. No es fácil no verte estando tan cerca, no tocarte sintiéndote al lado, no respirarnos cada día y no querernos como la primera vez, más aún sabiendo que pronto habremos de separarnos. Hay días eternos.

Ojalá sepas encontrar entre estas líneas que escribo, si algún día logran llegar a tu retina, que todo esto que tanto daño me hace y que no sé exactamente de dónde sale no son dudas, sólo miedo.

Miedo por los rotos que los años han ido dejando en mi y que se despiertan cuando siento que sólo recibo lo que te resta de tiempo, miedo por esa jodida sensación de que, quizás, tú no estás necesitando de mí tanto como yo de ti, miedo cuando no percibo tus ganas de vernos, de estar juntos, miedo cuando siento que me estás soltando, cuando tras días buscándote no te encuentro por ninguna parte...

Muchas veces guardo palabras para no herirte, no sé si son reales o no; lo cierto es que no quiero ser egoísta contigo porque sé que no estás en un momento fácil, que mil veces te apoyas en mi, que cuentas conmigo. Siento que estamos totalmente desincronizados, que mientras yo avanzo a 2.000 tu sólo puedes ir a 20 y, quizás, sea eso lo único que duele... Mi impaciencia, mis ganas, mi impotencia de no poder hacer nada más por ti para que estés bien, las esperas, los silencios...


7.8.19

Primer mes

---------------------------------------------------------------------------
Hoy siento: Felicidad.
Suena: Andas en mi cabeza, Chino y Nacho.
Frase: Todos tenemos un par de alas preparadas por si encontramos el cielo idóneo para volar.
Imagen: Y con el tiempo te vas dando cuenta de que no se trata de mariposas en el estómago sino de paz en el corazón.
---------------------------------------------------------------------------

Hoy hace un mes que me besaste por primera vez. Aún puedo recordar nuestros cuerpos temblando uno sobre el otro; quizás por ganas, quizás por miedo... Apoyados sobre la encimera de la cocina. Fue un beso que llegó tras un largo silencio mientras curaba tu ojo. Después, abrazados en un silencio en el que podían palparse las ganas, los nervios y las dudas tras días de conversaciones, semanas de deseo y meses de tonteo. Un beso que los dos habíamos querido desde hacía algún tiempo. Un beso que hizo magia.

¿Sabes? Unos días me parece que fue ayer cuando todo ocurrió y, sin embargo otros tengo la sensación de que ya ha pasado media eternidad desde entonces. Y no, no te lo digo porque pasar la eternidad a tu lado me parezca algo que vaya a costarme mucho esfuerzo; supongo que se debe a que algunos días somos capaces de ir construyendo nuestro camino muy rápido mientras que otros nos paramos sin poder tan siquiera tocarnos la piel. Esos días son largos, pesados y duelen; pero no importa si siempre encontramos la manera de hacernos saber que ambos seguimos estando ahí, agazapados, quietos, en silencio... No me importa si es lo que esos días necesitas para poder seguir caminando.

Hace días que estas palabras rondan por mi cuerpo y hoy, quiero darte las gracias por todos los momentos que me has regalado durante estos últimos 31 días. No te voy a mentir, te reconozco que algunos han sido complicados, si bien todos únicos y especiales por ser nuestros y sólo de nosotros; alejados de miradas curiosas que no son capaces de comprender a dos almas mirándose desnudas mientras reflejan tormentas y arcoíris.

Quiero darte las gracias por confiar en mí para sostener la venda que está curando tus heridas, sé demasiado bien que no es nada sencillo entregarle a nadie trocitos de un mundo derruido y mantenerse entero durante su reconstrucción, menos aún a alguien que hipotéticamente podría volver a hacer saltar tu mundo por los aires. No temas, no voy a soltarte.

Quiero darte las gracias por devolverme la fe después de tantos años en que había dejado de creer que ser feliz con alguien es posible. Por ser mi amigo, por no juzgarme, por ser mi apoyo, por dejarme ser, por ser mi bastón, por ser mi mayor fan, por haber estado siempre al lado desde que nos conocimos. Por ser, en definitiva y como dice Marwan, el camino que conduce a la felicidad.

Quiero darte las gracias por esas veces en que miras de frente a mis miedos e inseguridades y aplacas mis demonios cuando se me suben a la espalda y el peso se vuelve casi insostenible y yo me vuelvo casi insoportable entre lágrimas y llamadas que sé que te desarman y, a veces, pueden agobiarte, pero tú me calmas demostrándome una y otra vez que sí, que estás ahí, que no te has ido.

Aunque no siempre podemos estar físicamente tan cerca como me gustaría, aunque no puedo coger tu mano, ni besarte cuando me apetece, siempre que miro a mi lado estás ahí. En una mirada furtiva, en una sonrisa de soslayo o en un mensaje improvisado para escaparnos juntos del mundo de la forma más indiscreta jamás inventada. Sentirte a mi lado como si nuestros cuerpos estuvieran atraídos por una especie de imán invisible, trae paz para calmar unos nervios que enfurecen cada vez que estás lejos. Y por eso quiero darte las gracias, por llevarte tan bien con la intensidad que me habita.

Algunos ratos me asaltan las dudas. Me pregunto si, aun habiendo sabido que no sería fácil por mil motivos más, aparte de los que ya he mencionado aquí y a los que no haré alusión, me hubieras seguido buscando una y otra vez hasta encontrarme mientras yo no me atrevía a terminar de dar el salto. Me pregunto desde cuándo sabías que mis negativas sólo eran miedos disfrazados de excusas. Si sabías que sí, aunque siempre te dijera no. Y quiero darte las gracias, por no rendirte conmigo.

Y por eso, por no rendirte conmigo, quiero pedirte que no te rindas nunca ante nada, que no permitas que ningún pensamiento rompa tu tranquilidad, que no dejes de creer que todo es posible, que sigas avanzando aunque algunos días en lugar de correr te toque andar a gatas o arrastrarte, que nunca pares de soñar cosas grandes, que cierres los ojos y confíes en esa voz a la que normalmente da tanto miedo seguir, que cojas mi mano cuando todo vaya bien, que te cuelgues de mi espalda cuando el peso se vuelva demasiado y que nunca dudes que yo tampoco voy a rendirme contigo.

A la vida sólo le pido nos regale infinitos meses más, que al menos podamos disfrutarnos tanto como lo hemos hecho hasta hoy, que estrenemos mil pelis más, que veamos atardecer juntos cada día, que nunca nos faltemos al lado, que podamos seguir compartiendo fluidos y que nos deje cuidarnos como si fuera nuestra primera vez y nuestra última vida, antes de mudarnos a otro planeta.

No sé cómo has hecho en mí todo esto en tan poco tiempo, no sé si hubiera sido mejor callar y disfrutar de uno más de nuestros silencios mientras nos miramos a los ojos. Sé que podría escribirte mil páginas más intentando decirte todo esto de la forma más espectacular que sea capaz de crear y sé que quizás todas estar frases no sean capaces de acercarse a explicarte lo que siento...

Supongo que al fin y al cabo, eso es el amor: Sonreír callados.