------------------------------------------------------------
Hoy siento: Gratitud
Suena: A partir de hoy, David Bisbal.
Frase: No existe el tiempo perdido; cada tiempo lo
hemos dedicado a aquello en lo que hemos creído y, para bien o para mal,
siempre nos enseñó algo.
Imagen: Mi trocito de cielo
-------------------------------------------------------------
Este podría ser uno de esos tantos millones de mensajes que se envían
a las 5 de la mañana después de más de 5 copas de más en el cuerpo. Uno de esos
en los que se nos escapa hasta la dignidad sin que apenas nos demos cuenta.
Pero esta vez, ni son las 5 de la mañana, ni he bebido y, aunque no sé si vale
la pena abrirme en canal delante de ti y dejar que saques cada pedacito que me
compone, hoy me apetece decirte que sí, que necesitaba contártelo de la mejor
manera que sé y que aunque vea venir la ostia, pienso acelerar porque quiero
sentirme viva aunque sea con el golpe, y este golpe es tuyo.
Supongo que somos de fijarnos en lo que nos calma, como esas bocanadas
de humo que dan los fumadores y que al final acaban perdiéndose entre la gente.
Ya sabes de lo que te hablo.
El día que empezamos a hablar, yo buscaba esa misma bocanada de humo
en otra parte y la descubrí entre tus letras. Pronto, muy pronto me prometí que
no me alejaría de cada una de tus palabras, que las cogería de la mano
fuertemente y que no dejaría que se escapasen de mi vida nunca.
Y supongo, que tú me viste más allá de mis letras, de mis audios y de
mis fotos. Me entendiste casi sin hablar y no me juzgaste y eso me dejó ser
como nunca antes, me dio la confianza que tantas veces me había faltado, me
hizo soñar grande como una niña pequeña y volvió a llenar mis ojos de ilusión.
Aquella noche de jueves no supe expresarte lo que me hiciste sentir
cuando rompí a llorar sin motivo después de escucharte, y al leerte después me
calmé y me dormí; como cuando a un bebé le cantan su canción favorita o como
cuando llegas a la cama después de un día sin parar y caes rendido en los
brazos de Morfeo.
Cumpliste cada día con lo que ni siquiera fueron promesas hasta que te
desvaneciste casi de la misma forma en que llegaste. En silencio, sin hacer ruido,
dejando cada cosa en su lugar. Apagaste sin querer la luz que más brillaba en
aquella habitación, que aún ya recompuesta de sus pedazos y sin terminar de
acomodar, había vuelto a abrir sus puertas al público. A ti.
Dicen que la vida siempre nos trae lo mejor, justo lo que necesitamos
en cada momento. ¿Sabes? Resulta paradójico que desde hace unos meses tuviera
este retiro planificado y que todo el universo haya conspirado para que nada ni
nadie viniera conmigo y pueda estar centrada en mi propósito. Curioso, que a
pesar de todo te hayas colado entre los bártulos de mi equipaje y que sigas
ocupando un rincón en mí que de una u otra forma será para ti eternamente.
Te escribo desde mi trocito de cielo; dónde los árboles, el viento, la
lluvia, el sol y los pájaros guardan celosos tanta calma y tanto silencio que
es imposible no escucharme gritar por dentro. Ojalá pudieras vivirlo. Ojalá
pudieras verlo.
Sólo ha pasado una semana desde que tus palabras se clavaron como
puñales y me está costando. Me cuesta no escribirte y no saber de ti. Sí, lo
sé. Sé que sólo fueron 4 días de charla, y aunque me pregunto cómo es posible
que todas estas palabras fluyan sin esfuerzo, quiero permitirme empaparme con
el significado que conlleva cada una de ellas. Tal vez tu ya te hayas olvidado
de mí... Quién sabe.
Estoy tranquila porque sé que por primera vez he tomado la decisión
correcta para mí, para que me dolieras lo menos posible. Mi cuerpo estaba
exhausto después del estado de alerta en que viví los últimos días. Hace muchos
años que mi cuerpo empezó a somatizar cuando mi intuición trataba de gritarme
algo que estaba a punto de ocurrir. Supongo que esos estados físicos son el
precio a pagar por haber pasado años poniéndole cojines en la boca a esa
vocecita interna tratando se silenciarla...
Quizás soy yo quien hace que esas cosas ocurran, quien pone a las
personas en ese lugar en que mis miedos, mis pesadillas y mis fantasmas me
quitan el sueño cada noche...
Gracias por tanta honestidad. Supongo que no es fácil decir ciertas
cosas aunque sean tal cual. Llevaba toda la vida pidiendo algo así, así que
aunque duela, no puedo hacer otra cosa más que darte las gracias una vez más. Y
gracias, gracias por entender mi necesidad de priorizarme por una vez en la
vida (y las que vendrán, que me gusta esta sensación de paz y de no sentirme
culpable, de no fallarme). Gracias por respetar mi necesidad de silencio y
ausencia. Gracias por no hacer preguntas incómodas mientras mis dos vocecillas
internas no dejan de discutir entre sí. Una no deja de gritar que tu y yo
estábamos hablando para conocernos, que habíamos hablado de quedar, que podrías
habérselo dicho a ella en vez de a mí. La otra trata de calmarme intentando
convencerme de que a mí me habría pasado lo mismo, que vale más la realidad que
tenemos delante que la que se vive a través de una pantalla. ¡Qué tontería! Tú
y yo jamás no habríamos encontrado en un garito.
¡Malditas sincronías desincronizadas! Yo cancelando cita con alguien
que llegó forzando la situación con calzador y con quien apenas hablaba, de
quién no sé nada y que tampoco quiere saber de mí, y tu cancelando la mía por
alguien a quien acababas de conocer... Un día te contaré, para hacerte reír. No
dejaré de sorprenderme, he aprendido a aceptarlo. ¿Qué has venido a enseñarme?
¿Volverá la vida a traerte cuando lo aprenda o eres uno de esos trenes que trae
y se lleva un pedazo consigo y jamás regresa?
Posiblemente siempre he dado por hecho sentimientos que no existían, y
admite que tú continuamente has sido de engancharme haciéndome sentir libre. Y
créeme, eso es lo que buscaba.
La noche que 'nos conocimos' sentí tanta conexión que me acosté
temblando. me di un abrazo a mi misma y me prometí que todo estaba bien. Que
todo iría bien esta vez. Y todo está bien.
Y claro, claro que quiero seguir hablando contigo y tenerme en mi vida
de alguna manera. ¿Quién no querría a una persona como tú cerca? Sin conocerte
de nada, has sido quien más apoyo me ha regalado de forma tan contundente en
mis caóticos dos últimos años. Y no sólo ha sido apoyo sino también motivación,
seguridad, confianza, esperanza. Me has revuelto algo por dentro que necesitaba
que se moviera y no era capaz de activar. Sé que vibramos en la misma
frecuencia de pensamiento.
Esto no es ninguna declaración ni carta de amor. Seguramente es todo
lo contrario, porque duele; dueles. Y el amor no duele.
No sé si será de tu mano de donde salga algún maldito hilo rojo que se
conecte directamente con mi meñique. Mi lucha interna no cesa entre los
sentimientos del 'arriesga' y el 'lárgate ya'. Esta vez seguiré mi camino y
dejaré que la vida vuelva a sorprenderme. Siempre he sido partidaria de
segundas, terceras y hasta cuartas oportunidades cuando las cosas se hacen
bien, pese a que en el momento en que se hagan puedan gustarme más o menos.
No sé si algún día leerás estas líneas. Gracias por devolverme la
magia, el duende y las ganas para volver a subir al desván de mis sombras. No
me he atrevido a poner un pie en este sitio, ahora polvoriento, pero tan mío en
estos últimos dos años de los que tanto te he hablado y tan poco te he contado.
Es hora de volver a subir mis cajas de oscuridad y volver a brillar.
Es la primera vez que escribo así, tan directo; en primera persona,
sin tratar de fingir que no hablo de mi. Que no hablo de ti. Y aquí te dejo,
suficientemente cerca mío, sin que interfieras en mis días.
Y ahora lo dejo en tus manos, ojalá pronto las vea cerca sosteniendo,
al menos, ese fresisuis pendiente.
Gracias.
(Fragmentos extraídos de ¿Arriesgamos o (nos) perdemos? Lucía Tudela.
