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Hoy Siento: Ansiedad, angustia, inquietud, miedo, frío...
Hoy Siento: Ansiedad, angustia, inquietud, miedo, frío...
Suena:
Fairytail, Jana Fisher.
Frase:
Incluso un reloj averiado dice la verdad dos veces al día...
Imagen: Frío
polar.
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Hoy
quiero publicar esta entrada con la que he actualizado en múltiples ocasiones
cada uno de los blogs que he abierto a lo largo de mi vida, de los cuales sólo
quedan abiertos dos sin contar este... Es un texto que tiene casi la mitad de
años que yo, con el que me sentía muy identificada en su momento y también en
días como hoy en los que siento un frío por dentro que nada calma. Espero que, a pesar de los años que tiene, os guste.
Una
voz, sólo una, le susurró al oído las miles de ilusiones que había perdido en
sólo unos meses. Escuchó con atención cada letra y subrayó cada palabra que le
desvelaba cada una de las mentiras que se había creído sin rechistar.
Entre
mantas y sacos no podía sumergir los gritos de rabia ni las gotas de sangre, y
eran cicatrices lo que aparecieron en sus ojos. Una manera de pintar la
realidad; una farsa inundaba su armario y se quedó sin ropa con que mirarse al
espejo, sólo una vuelta atrás y un giro de 180 grados a aquello que fue su vida
en trece repletos años de felicidad, eso deseaba.
Gritos
y besos nunca se entendieron y no podían participar en el mismo juego, realidad
absurda que nunca llegaría y lágrimas frías que ya carecían de significado; un
contenido absurdo para un corazón de corcho y una mente de hielo para un cráneo
perfecto.
Fría hasta la saciedad, fue tachada siempre de arisca pero nunca fue capaz de penetrar con una mirada de odio, preocupada por todo y con miles de caminos por los que dejarse caer, llegó un momento en que las espinas se convirtieron en temibles fusiles, armas de fuego difíciles de esquivar que atravesaban la coraza de metal que le permitió siempre guardar para ella la miel de aquellos labios que nunca fueron besados. Nunca nevó en su mundo y jamás disfrutó de una gran cascada de sueños cumplidos, donde podía reflejar cada uno de sus deseos simplemente pensados para ser feliz. Fueron muchos los dogmas que marcaron sus pasos y que se rompían cada vez con más rapidez. Un cúmulo de cosas cesaron su trayecto y eliminaron sin más las huellas que pudiesen desvelar, que alguna vez, por allí pasó algo más que una ilusión...
Fría hasta la saciedad, fue tachada siempre de arisca pero nunca fue capaz de penetrar con una mirada de odio, preocupada por todo y con miles de caminos por los que dejarse caer, llegó un momento en que las espinas se convirtieron en temibles fusiles, armas de fuego difíciles de esquivar que atravesaban la coraza de metal que le permitió siempre guardar para ella la miel de aquellos labios que nunca fueron besados. Nunca nevó en su mundo y jamás disfrutó de una gran cascada de sueños cumplidos, donde podía reflejar cada uno de sus deseos simplemente pensados para ser feliz. Fueron muchos los dogmas que marcaron sus pasos y que se rompían cada vez con más rapidez. Un cúmulo de cosas cesaron su trayecto y eliminaron sin más las huellas que pudiesen desvelar, que alguna vez, por allí pasó algo más que una ilusión...
Cuando ya
la esponja dejó de absorber, cuando se acabaron las ganas, cuando se acabaron
los miedos, cuando el corazón dejó de latir en vida, y en definitiva,
cuando se borraron los gritos y las miserias, perdió el valor y se acabaron las
promesas idiotas y los besos fingidos, pues en sueños es difícil disfrutar
despierta.
Entonces,
justo ahí, fue cuando asustada miró al pasado, contempló su futuro y le sonrió
al presente, pues la ironía siempre fue su mayor fuerte. Envuelta en sábanas de
seda y con un leve olor a perfume barato, una mini falda y unos tacones que
alentaban aún más aquellos centímetros presentes siempre, calló rodando
escaleras abajo y murió, pues esa nunca fue ella, pero si aquella que nunca más
sería...
Con
paciencia volvía a encontrarse, sin brújula ni timón, en medio de un mar
revuelto por una pequeña tormenta. Y les dedicó su miedo (aquel que le invadía
por saber aguantar tan firme y tan serena ante tal situación) a todos los que
la recordaban como era, como siempre había sido. Sin una palabra amable, sin un
abrazo, sin un beso, con una sonrisa y con unos cuantos comentarios bordes que
no dejaban de ser más que un gran escondite para lo que de verdad se ocultaba
detrás de tantas apariencias.
La
chica de hielo, de miradas confusas, por fin halló la verdad que siempre estuvo
allí, por fin encontró sus limitaciones.
