12.5.16

Aún no es adiós...

-------------------------------------------------------------------------
Hoy siento: Dolor de tristeza.
Suena: Vuelvo a ser la rara, Sweet California.
Frase: Deberíamos poder recobrar el ánimo con la misma rapidez con que lo perdemos.
Imagen: Sé que ya no escribirás te quiero en mi ventana.
-------------------------------------------------------------------------

Supuso entonces que era necesario algo que le hiciera salir del lugar de donde pretendía huir y esconderse de sí misma. También entendió por qué nunca lo consiguió y por qué se había estado topando consigo misma una, y otra y otra vez... 
Una de sus peores pesadillas se había hecho realidad y un abismo, que suponía probablemente se iría haciendo más grande conforme fuesen pasando los días, comenzaba a separarles aunque, por primera vez y a pesar de que no fluyeran las palabras, se sintió libre para hablarle con franqueza. 
Tras salir de su letargo después de muchos y eternos minutos de shock, decidió que más valía tarde que nunca. Siempre tuvo claro que tenía que luchar por lo que anhelaba y que no quería quedarse con dudas de quererle.
No, ella era de las que morían con la espada en alto, pues cuando ya se ha perdido todo, no hay nada que perder. Debía seguir siendo fiel a sí misma e intentarlo hasta las últimas consecuencias, como siempre había hecho. Aún no sabía qué iba a decirle ni cómo reaccionaría al tenerle de nuevo en frente. Esta vez sería diferente. Aún no se había roto pero estaba ya desquebrajándose. 
Una vez más, sus miedos le habían vencido, habían jugado por ella y habían ganado. 
Sufría ansiedad e insomnio desde hacía un par de semanas. Había empezado a fumar de nuevo hacía un par de días. Típicos síntomas que siempre le habían indicado que algo demasiado importante para ella iba a desmoronarse en su vida. Esa mañana había cambiado sus maquillaje habitual por lápiz de ojos y máscara de pestañas resistentes al agua. Algo se le había estado escapando y ahora sabía qué era. Si de algo podía presumir, era de que siempre acertaba. Aunque sufriera como si no supiera nada, nunca le pillada de improviso. Se empezaba a marchar un pedazo de sueño que recientemente había construido. Un pedacito de vida que ya tenía nombre y apellidos.
'Confía siempre en tu intuición' se repetía constantemente. El problema era que cuando su intuición no le gustaba, ni escuchaba, ni veía, ni oía... Y así, nuevamente, tras darse de bruces contra su coraza, lo intentaría por última vez para conseguirlo o para liberarse. Necesitaba arder para renacer. Como un ave fénix. 
06.05.2016